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El periodismo y fastfood en tiempos de las redes sociales

Getty

En muchos sentidos, la mayor parte del periodismo que se hace hoy en día es como el equivalente al fastfood: Es llenadora, nos hace salivar como perros pavlovianos… es hasta cierto punto sabrosa, pero a largo plazo es pésima para la salud. Pero siempre tendremos el impulso de regresar por más. Y todo, en parte, gracias a las redes sociales.

Debo aclarar que amo las redes sociales. Paso largas horas de mi día viendo qué está sucediendo, y si bien adoro la inmediatez con que la información se propaga, sí siento que existe un “lado oscuro”.

Las redes sociales se están volviendo el primer punto de encuentro entre la información y el ciudadano. A veces puede ser a través de la cuenta oficial de algún medio y otras tantas a través de alguien que vio o se enteró de “algo”, o grabó un video en el momento preciso en que el evento en cuestión estaba sucediendo.

Ok… Fabuloso.

Pero… la realidad es que abunda gran cantidad de información falsa e imprecisa, en parte por la inmediatez, en parte por la falta de profesionalismo de los que suben la información, es decir, gente que no está especializada en periodismo o comunicación y que esparce información de manera bienintencionada —o a veces, de manera maliciosa, sin una metodología propia del oficio. Tampoco se trata de que nadie que no sea un profesional de los medios maneje información, postee o ponga tuits sobre las noticias del momento, pero sí es importante mencionar que, en parte, esto contribuye a desinformar o a emitir juicios de valor sobre noticias tendenciosas que sólo presentan un lado de la historia.

Y de pronto, las redes sociales se convierten en un campo de batalla donde no es la información veraz la que importa sino la percepción que se tiene sobre uno u otro asunto o las personas afectadas.

Contrarrestar lo anterior es el papel de los medios. Sin embargo, resulta que los medios estamos tan metidos en esta dinámica que muchas veces contribuimos a que esto ocurra. Nos dejamos llevar por la inmediatez —y para ganar más likes y entradas en nuestra página— propagamos información sin confirmar o mostramos sólo un lado de la noticia para ganarles a todos. La carrera por ganar la noticia, por tener la exclusiva no es nueva, pero se ha exacerbado con esto de las redes sociales y desgraciadamente hemos caído en eso que tanto criticamos… hacemos periodismo tipo fastfood.

Las consecuencias de lo anterior es que perdemos credibilidad y a la gente que no se dedica a esto le da lo mismo enterarse por su amigo o por algún otro desconocido que a través de los medios. ¿Para qué si todos ponen lo mismo?

Como profesionales de la comunicación me parece que es momento de pararnos y valorar nuestro trabajo, en lo positivo y en lo negativo, para así encontrar nuevas propuestas que ayuden a la sociedad a estar mejor informada y forjarse un criterio que le ayuden a tomar decisiones en su día a día. Hoy más que nunca es necesario, sobre todo en una industria mediática que aún no encuentra del todo la manera de mantenerse a flote económicamente en la era digital.

Para sobrevivir y cumplir nuestra función como parte de una democracia, debemos cambiar de rumbo. La fastfood es deliciosa, pero en exceso, es devastadora.

Formalmente, soy periodista de cultura y espectáculos (México, D.F, 1978), con estudios en Comunicación (Universidad Iberoamericana) y Psicología (UNAM). Desde el año 2000 he estado trabajando en diversos medios de comunicación, enfocado principalmente en medios impresos, aunque la profesión me ha llevado por el mundo digital, las redes sociales y por supuesto, la radio.

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