Salud

Piensa rápido, memoriza más o cómo potenciar el rendimiento intelectual

Para un ciudadano moderno es cada vez más difícil lidiar con las crecientes cantidades de información que lo rodean. Una buena memoria, atención y capacidad de procesamiento de información son recursos laborales cada vez más apreciados.

Sputnik ha investigado cómo hacen los jóvenes para mejorar su trabajo intelectual.

En el mundo moderno, son cada vez más las personas que acuden a fármacos neuroestimulantes con la esperanza de mejorar sus capacidades cognitivas.

Jóvenes sanos toman medicamentos destinados a combatir el síndrome de hiperactividad y déficit de atención, trastornos del sueño, demencia senil y otras enfermedades neurológicas.

Según una encuesta realizada entre la población de 15 países desarrollados, la mayoría de los consumidores de “píldoras para la inteligencia” radica en Estados Unidos, donde casi el 30 por ciento de los encuestados ha probado alguna vez este tipo de medicamentos.

En Europa, la cantidad de personas que ha ingerido este tipo de fármacos sin prescripción médica ha pasado en los últimos dos años del cinco al 14 por ciento como promedio, según el estudio publicado en el sitio de la The International Journal of Drug Policy.

“Los nootrópicos son drogas que estimulan el metabolismo cerebral, mejoran la memoria, el rendimiento mental y aumentan la resistencia a situaciones de estrés”, explicó a Sputnik la neuróloga de la Clínica1 de la Administración Presidencial de Rusia, Liubov Sokolóva.

A nivel molecular, estas milagrosas píldoras actúan como neurotransmisores, sustancias mediante las cuales las células nerviosas intercambian señales electroquímicas.

A modo de ejemplo, el piracetam y sus derivados mejoran el flujo sanguíneo en el cerebro y ayudan a crear nuevas conexiones interneuronales.

La glicina (o glicocola) mejora la memoria. El deanol (o dimetiletanolamina) incrementa el efecto de la acetilcolina, sustancia química que actúa en la transmisión de los impulsos nerviosos responsable de las funciones cognitivas.

“Los médicos recomiendan tomar estos fármacos para mejorar la capacidad de atención, perfeccionar los procesos de pensamiento en tiempo de exámenes, preparación de un proyecto importante, redacción de informes, tesis. También se prescriben durante el tiempo de rehabilitación. Por ejemplo, después de un accidente cerebrovascular”, compartió Sokolóva.

El hecho de que los nootrópicos y los neuroprotectores realmente ayudan a mejorar nuestros procesos cerebrales parece ser algo probado.

En 2009, científicos de la Universidad de Cambridge realizaron un experimento durante el cual a una parte de los voluntarios se les suministraban fármacos para el tratamiento de la somnolencia, la hiperactividad y el síndrome de déficit de atención.

El segundo grupo de voluntarios ingería pastillas placebo. Los resultados a medio plazo demostraron que aquellos que tomaban las ‘píldoras para la inteligencia’ con el tiempo pasaban las pruebas con más rapidez y holgura.

Los datos compilados por la comunidad científica aún no son suficientes para sacar conclusiones definitivas, apuntó el jefe de la cátedra de Enfermedades Neurológicas de la Universidad Pública de Medicina de Moscú, Vladímir Parfenov.

Así, otra investigación similar estudió los resultados recogidos durante 10 años y encontró que los pacientes que ingerían nootrópicos mostraban señales de recuperación escasamente más altas que los que no lo hacían.

Algunos especialistas aseguran que la diferencia es tan mínima que podría ser resultado del efecto placebo u otros medicamentos.

“Es cierto que los nootrópicos pueden ayudar a mejorar las funciones cerebrales, pero aún no se han probado sus efectos clínicos, como la mejora después de una lesión cerebral o la prevención de la demencia”, especificó Parfenov.

Existe un efecto más grave aún que su efectividad o inefectividad: los nootrópicos y los neuroprotectores tienen efectos segundarios graves.

Por ejemplo, el mismo modafinilo causa picores y erupciones cutáneas, mientras que el ritanil acarrea dependencia, trastornos de ansiedad, problemas con el sistema cardiovascular y pérdida de peso.

Además, Sokolóva agregó que un consumo prolongado y descontrolado de este tipo de fármacos provoca la sobreexcitación, el agotamiento de las reservas energéticas del cerebro, ansiedad y trastorno del sueño.

A largo plazo esto debilitará la capacidad intelectual del paciente, es decir, causará un efecto opuesto al buscado.

Otro problema que surge con el consumo de los nootrópicos tiene que ver con la ética y la igualdad social.

En su libro “’Bad moves”’ (“Malos movimientos”), la neuropsicóloga y profesora de la Universidad de Cambridge Barbara Sahakian señaló que, debido a su alto precio, los ricos tienen mayor acceso a los nootrópicos.

Esto tiene mayores consecuencias, entorpeciendo la movilidad social y aumentando aún más la ya existente desigualdad de oportunidades entre las clases.

Aún es muy temprano para predecir con exactitud cuáles serían las consecuencias a largo plazo del consumo de estas ‘píldoras para la inteligencia’, tan populares entre la población joven.

Lo cierto es que su popularidad sí tendrá consecuencias en la sociedad y en algunos países ya se están discutiendo medidas que de alguna manera reglamenten su consumo.

NTX/I/AGI/LMV

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